jueves, 20 de julio de 2023

Salsa con Coco, un caso de Análisis de Negocio

Salsa con Coco, un caso de Análisis de Negocio

Por Jesús W. Del Carpio S.


Basado en la entrevista que le hiciera Junior Cabrera a Pochy Familia, publicada en el canal de Youtube "10 Preguntas" en febrero de 2022: https://www.youtube.com/watch?v=kpS1v_ES6MM&t=774s.


Ilustración: Mónica Rodríguez

Un domingo como cualquier otro, Pochy Familia recibió de Ramón Rodríguez la melodía y letras de lo que más tarde se convertiría en la icónica canción Salsa con Coco. Pochy, dominicano, compositor, productor, cantante, arreglista y líder de La Coco Band, ya era exitoso en la industria de la música por haber popularizado el subgénero de merengue que conocemos como Merengue de Calle o Merengue Refranero. Se conocían de él La Flaca, La Faldita, El Boche y muchos más. Ramón Rodríguez, por su parte, es un compositor boricua, líder del Conjunto Clásico, banda con la que logró los éxitos De Patitas (en voz de Rafael de Jesús) y Señora Ley (cantando Tito Nieves).

A Pochy le gustó la composición  instantáneamente, y sin perder tiempo tomó un vuelo a Nueva York para encontrarse con Ramón y Amable Valenzuela. Este último, empresario artístico que había sido el enlace casual entre ellos dos.

Estando en la gran manzana, Pochy le encargó al músico dominicano Bertico Sosa hacer el arreglo. Bertico fue un multi instrumentista, arreglista, líder de banda, y sobre todo portador de sentido y gusto musical exquisitos; responsable de ataviar el cancionero dominicano con vestimentas de boleros, baladas, merengues, sones, salsas, entre otros. Pochy le había dado los pormenores de lo que quería en el arreglo musical; sin embargo, cuando escuchó la canción grabada, se sintió insatisfecho con el resultado.

Ante esta situación, Ramón Rodríguez recomendó a Ricky González, productor, compositor, pianista de origen dominicano y hacedor de arreglos para estrellas como Ray Barretto, Celia Cruz y Willlie Colón. Cuando fueron al estudio a grabar y Pochy escuchó el arreglo, respondió que “no es eso”; es decir, no era eso lo que andaba buscando. Surgió el debate de si estaba bien o mal hecho. El problema no era que estuviera de una u otro manera, simplemente no encajaba en la visión que tenía Pochy, quien buscaba sonidos, colores, fusiones y patrones inusuales en el ritmo de salsa. No bastó que Pochy explicara en detalle lo que perseguía, nadie en el estudio de grabación logró transformar en música lo que Pochy había verbalizado.

El tercer arreglo lo haría un arreglista que había musicalizado salsas para El Conjunto Clásico. Se hizo, y Pochy tampoco estuvo satisfecho con el resultado. Los músicos que estaban allí, y que probablemente habían participado en las dos grabaciones anteriores, estaban predispuestos y tenían una actitud hostil al decirle a Pochy que “¿qué es lo que tú quieres?”. Otra vez, como ya lo había hecho, Pochy tradujo en palabras los sonidos que resonaban en su cabeza y recibió la respuesta de que “eso es imposible”. Los músicos se resistían a romper el patrón tradicional de la salsa y meter de golpe y sopetón un patrón de plena, aquella música boricua de herencia afroespañola. El ritmo “a caballo” que tanto pidió, quedó fuera. Los espacios vacíos donde él agregaría vociferaciones, gritos y refranes, quedaron fuera también. No hubo forma de que arreglistas y músicos le encontraran sentido a lo que él pedía. El ambiente se caldeó, los músicos se oponían, no lograban reproducir ese rasgo distintivo que él solía imprimir a sus creaciones.

La impronta de Pochy parecía imposible de imprimir. Había gastado miles de dólares haciendo los tres arreglos, reservando estudios de grabación, grabando cada instrumento y mezclando. Era 1992, una época en la que no había tecnología para hacer maquetas (prototipos), sólo se podía escuchar la obra después de haber pagado por el resultado final.

Un señor que salía de otra cabina de grabación pasó por el lugar y observó que aquello parecía un conato de rebelión, la frustración se observaba, se escuchaba y hasta se olía en el ambiente. Isidro Infante, quien por allí caminaba, es pianista, compositor, arreglista, productor y director musical boricua; navegante de mares de salsa, merengue, baladas, jazz, entre otros. Se dirigió a Pochy y lo invitó a una cafetería cercana para tratar de entender el motivo de todo aquello y aportar una solución. 

"Pide lo que tú quieras", le dijo Isidro mientras dos tazas de café mediaban en la conversación. Antes de comenzar, hundió dos botones en uno de esos objetos de museo que solíamos llamar caseteras portátiles, y comenzó a grabar. Pochy comenzó diciendo “yo quiero ver esta salsa en el Madison Square Garden. Aquí quiero este patrón rítmico de piano, un poquito jíbaro...”; paró, titubeó, miró al techo, buscó con una mirada al vacío las palabras que se habían perdido. "Tranquilo, di todo lo que quieras", insistió Isidro. Pochy continuó: “aquí se detiene la música para que la gente grite: ¡COCO, COCO, COCO!”.  Isidro repitió: "está muy bien, dime todo lo que tú quieras, sigue diciendo". Pochy aprovechó para presentarle un éxito que había logrado con su banda, para que lo tomara como referencia: “¡Ay, pero qué calor!”. Poco a poco fue vertiendo sobre la grabadora sus deseos sobre la obra que anhelaba, cual pecador en confesionario. Aquello ocurrió un jueves, al terminar la conversación, Isidro le dijo: "el sábado vamos a grabar". 

El día convenido, Pochy escuchó por teléfono lo que habían hecho, le impactó, fue al estudio y dijo: "eso es lo que yo quería". Ramón Rodríguez opinó que era la "primera salsa que veo que termina con un solo de piano", como insistiendo en que una salsa no se hace así y echando a la suerte el éxito de la canción. 

Consummatum est! El resultado fue exquisito, los fanáticos la bailaron, se la gozaron y la hicieron un éxito que habrá de quedar vigente por años en los pies de cada bailador, en los oídos de cada melómano y la discoteca de cada coleccionista. Pochy había roto las reglas, demostró que es posible hacer las cosas de forma diferente y lograr resultados novedosos. 

Para Pochy, el criterio de aceptación del producto final era que su salsa tuviera una vestidura a la altura del Madison Square Garden, con el potencial de ser coreada por el auditorio y con las innovaciones rítmicas que él visionaba. Para lograrlo, debía ofrecer una propuesta innovadora, debía imprimirle autenticidad, llevar al terreno de la salsa lo que ya le había dado resultado en el merengue. Pero la idea y la intención no eran suficientes para cosechar tal resultado, era necesario materializarlas. Isidro trabajó como todo un Analista de Negocio para lograr precisamente eso.

Sería atrevido decir que las tres primeras versiones no llenaron las expectativas porque Pochy no supo expresar fielmente sus necesidades, pues desconocemos el nivel de detalle con el que se dieron esas conversaciones. Lo que sí sabemos es que él tenía una visión clara de lo que quería, lo cual le dio discernimiento para descartar cualquier propuesta que no encajara en su visión, aunque viniera de músicos de tan alto nivel. Asimismo, tenía el propósito firme de lograr un éxito en salsa que tuviera su estampa, dándole valentía para persistir en la búsqueda del sonido que quería. 

Igual de atrevido sería juzgar el trabajo de los tres primeros arreglistas, porque su experiencia en la industria de la música era incuestionable. El mismo Pochy afirmó que sus trabajos estuvieron “bien”, pero no eran lo que él andaba buscando. Ahora bien, con el ánimo de aprender en cabeza ajena, me atrevo a especular que quizás se apoyaron en las experiencias que guardaban en sus macutos y en los cánones de hacer salsa, en vez de arriesgarse a definir un rumbo nuevo, diferente e innovador. O quizás ignoraron de forma inconsciente las necesidades que les expresó Pochy. Es posible que esto le resulte familiar, a veces nuestras mentes nos manipulan para mantenernos acomodados y para protegernos, en vez de dejarnos ir hacia lo desconocido a enfrentar riesgos y aventuras.

Es fácil reconocer la contribución de Isidro Infante en esta historia. Tuvo empatía con sus colegas y la intención de mediar en un conflicto que involucraba a sus colegas, amigos y colaboradores, y al entender el motivo decidió colaborar. Al instante concluyó que sólo podría contribuir si entendía en detalle las expectativas de Pochy. Para lograrlo, preparó el ambiente adecuado al moverse a la cafetería, tuvo la apertura para despojarse de los esquemas preestablecidos sobre cómo se hacían arreglos de salsa, abrió sus sentidos para escuchar activamente lo que Pochy expresaba, captó su frustración, pero sobre todo entendió y registró las necesidades en su casetera portátil. Finalmente, con esos insumos tuvo la valentía de arriesgarse a crear una obra disruptiva. Gracias a las actitudes y competencias de Ramón, Pochy e Isidro disfrutamos de una obra que perdurará en el tuétano del gusto latinoamericano.

Isidro fue ese gran Analista de Negocio que  habilitó el cambio hacia la innovación, identificando apropiadamente las necesidades, aportando la solución (no sólo recomendándola) y entregándole a Pochy valor en forma de una grabación con potencial de éxito.

Así fue como Salsa con Coco se convirtió en un caso de Análisis de Negocio.



viernes, 7 de abril de 2023

Los Sotos y los Sencion - El Genesis





Capítulo I

1 En el principio existía el hombre de conuco que hacía parir la tierra y ponía un plato cada día en la mesa. 

2 el hombre de conuco vivió muchos años y sus hijos se convirtieron en hombres de conuco por varias generaciones. 

3 y pasaron los años y la cuidad creció y el hombre de conuco ensillaba el burro y llevaba al mercado los frutos. 

4 un día antes del alba el hombre de conuco levantó a su primogénito de su sueño y le ordeno aparejar al burro y que este lo lleva al mercado a vender los frutos porque ya era hora de ser un hombre de conuco. 

5 y el hijo del hombre de conuco fue al mercado y vio muchos hombres de conuco y entre ellos hijos de hombres de conuco. 

6 y vio de algunos las ropas de algunos hijos de hombres de conuco y quiso tener ropas iguales y carretas como algunos de ellos tenían. 

7 y vendió el hijo del hombre de conuco los frutos y el llegar a su casa le dijo a su padre. 

8 Taita y porque no alquilamos las tierras que no podemos cultivar y compramos carreta para los frutos. 

8 y así Taita cuando no haya más fuerzas por los años y las bestias estén cansadas podamos seguir viviendo con las ganancias de las tierras alquiladas. 

9 el Taita molestose de la idea de su hijo y le dijo a este, no es suficiente con lo que pones en tu mesa, no tienes mucho afán con tus tareas de la tierra. 

10 porque quieres vivir en la sazón de los que otros hacen y no hacer parir la tierra con tus manos como tus antepasados. 

10 y dijo el hijo al Taita, porque quiero vivir diferente y disfrutar lo que tenemos. 

11 y dijo el Taita que si vivir diferente es vivir del trabajo de los demás el no quiere vivir diferente. 

12 y dio el Taita herencia en vida al Primogénito y los demás hijos hicieron como su hermano mayor. 

13 y tomaron la herencia y todos recibieron partes iguales y el Taita quedóse con tierras que hacía parir y su abundancia creció. 

14 y la de sus hijos crecía más y algunos alquilaron sus tierras y se fueron a la ciudad. 

 

Capitulo II

1 El primogénito se llamaba Juan Sención y tuvo 3 hijos con la más bella de los Ramírez que venían de tierras lejanas. 

2 los hijos de Juan fueron nombrados de la siguiente forma, Hector que engendró 3 hijos. 

3 Horacio que engendró 4 hijas y casose con Anastasia hija de los Soto. 

4 Humberto que engendró 2 hijos con dos esposas diferentes que lo dejaron. y el tiempo paso y el Taita cerró los ojos y dejó más herencia los hijos

5 y el tiempo pasó y Juan Sención cerró los ojos como el Taita y dejó a sus tres hijos fortuna y sus hermanos por igual

6 pasaron las generaciones y los Sención se hicieron ricos y siempre consevaron las tierras y fueron por muchos años hombres de ciudad y hombres de conuco

7 La desenciacia de Horario fue la que más bonanza tuvo, la familia Sención era igual de rica y las dos familias iniciaron una nueva era de progreso haciendo del Tabaco el oro de sus tierras.

 


jueves, 6 de octubre de 2022

Breaking Mantequilla code

 

No puedo negar que me he divertido con el tema de Mantequilla, el nombre real del sujeto no interesa para los fines de esta corta nota, pero si interesa ver como va tomando relevancia un personaje que cada día mas está llevando al limite la paciencia de los que saben o por decirlo de otra forma, de las autoridades, los memes me han alegrado ya varias mañanas y la misma risita burlona de Mantequilla cuando le dicen que diga la formula me causa a mi más risa, hay en mi un sentimiento de duda en que lo que ofrece el genio sea algo peligroso, pero por igual intento pensar y elucubrar posible formulas que puede estar usando el nuevo genio de Sabana Grande de Boyá y aunque algunas son realmente ridículas no dejan de estar a la par con la misma realidad de lo que promete Inversiones 3.14.

 

Cuando vemos al Superintendente de bancos, a la DGII y a todos los periódicos hablando de una formula mejor que la de Ito, no cabe duda de que estamos frente a un fenómeno que es en el cual se ha convertido Mantequilla, al punto que en su natal Sabana Grande de Boyá, amenazan con lanzarse las calles si algo le pasa a su nuevo mesías al mismo tiempo que sostienen la consigna “Díos en el cielo y Mantequilla en la tierra”, lo que nos espera.

 

*Mis teorías*

 

*Préstamos para la guerra*

Mantequilla puede ser un señor de la guerra para países que aceptan dinero de quien sea y tener contactos con carteles de venta de armas que en todo tiempo es un negocio lucrativo, sino pregunten como llegan armas de calibres militares a las manos de pandilleros en Haití

 

*Compra de camiones llenos en el mercado nuevo con ganancias de un 30%*

Un negocio menos nocivo y mas ajustado a lo que puede estar haciendo, lo cual consiste en comprar camiones de productos que vienen del interior a un precio muy bajo y revenderlo ganando porcentajes de hasta un 30%, esta es una práctica que se hace desde siempre y todos los días en el mercado nuevo de Villas Agrícolas, solo imaginen que en 10 días puede llevar a un 300% la inversión inicial y ahí puede entregar en 12 o 15 días como hace sus ofertas las ganancias a los inversores.

 

*Red de cambia cheques*

Solo basta con pasar frente a la Loteria Nacional, ir a la San Martin, a la Zona Colonial y te darás cuenta que los que cambian cheques ganan un porcentaje mínimo por cambiar cheques pero el volumen de esto se hace rentable y en un día, aunque no llega a los porcentajes que ofrece el gurú, esta puede ser una de sus líneas de negocios.

 

*Inversiones de préstamos en otros países (Payday loans)*

Enviar dinero a empresas usureras que funcionan en otros países, estas hacen prestamos a altos intereses y garantizar un retorno alto a los inversionistas y además distribuyen la ganancias a cortos plazos.

 

*Una distracción política para desviar la atención de la población*

Como todo es posible esta es una posibilidad, no digo más.

En todo caso, lo que haga mantequilla si no es un sistema Ponzi o una pirámide solo se está aprovechando del desorden y la informalidad que hay en esta país y encantando a los incautos.

jueves, 28 de abril de 2022

Siete Pesos para Salvar el Mundo


No era tan malo cargar agua,  a no ser porque sentía que los brazos se me alargarían hasta que las manos llegaran a los tobillos, pudiera decir que mientras cargué agua en el barrio pude disfrutar de muchas cosas que distan mucho de malos recuerdos; aprendí a reconocer a los policías secretos que andaban en los barrios, casi todos con un sombrero al estilo de Cheché Abreu, camisetas por dentro, la pistola por fuera y todos perfumados con alguna esencia parecida; aprendí donde habían algunas de esas matas frutales que casi siempre tienen frutos, como las cerezas, guayabas, Gina etc. Aprendí donde habían más farmacias;   así, cuando me enviaran a comprar alguna medicina para cualquiera de mis tres hermanos irme a la más lejos y tener un paseo con la excusa de que en la más cerca “no había”; aprendí donde hacían los mejores Yaniqueques y donde alquilaban las bicicletas, más un sinnúmero de detalles que son imprescindibles para combatir la aburrida vida de un barrio de la parte alta de la ciudad de Santo Domingo.

  “-El agua no se vende”, decía Doña Adela, pero Juan no pensaba así. “Cinco Cheles por cuatro potes o una  lata”, decía el viejo panzón que nunca usaba camisa. A veces la mamá del doctor se condolía y se acordaba de los “pobres” dejándonos llenar los potes en la incómoda tina de su casa, pero nunca me paraba a llenar los potes allí, prefería ir más abajo frente a la casa de Tony, donde vivía Dorca, la hija del pastor de la iglesia evangélica, una niña linda de pelo negro y sonrisa amistosa que nunca la dejaban hablar con nosotros aunque sé que en su momento se atrevía a cambiar el cielo por no ser la hija del pastor y poder tener más amigos que los aburridos que tenía en la iglesia que quedaba al lado de la casa de Guillermo. Si, ahora recuerdo a Guillermo, un tipo aburrido tal vez de la misma bulla de la iglesia que un día adquirió su fama de loco por entrarle a patadas a un Mercedes Benz blanco que se paró en frente de su casa a realizar una transacción “rara”, nadie lo defendió, pero ninguno de los que andaban en el Mercedes se atrevieron a ponerle la mano.

 Recuerdo que un día subía con mis potes de agua por la subida de la calle 32 y me detuve a tomar un descanso para dar tiempo a que se acabe el agua y la búsqueda se termine, cuando me detuve frente al colmado de papito (en todos los barrios hay un papito) vi a este hombre que sostenía por las orejas, en cada mano uno, a dos hermosos conejos grises, mi pausa se vio acortada cuando sin ningún tipo de cuidado bruscamente metió un conejo en una caja y le dio un golpe mortal al que quedó en su otra mano, mi pena sólo fue mayor que mi ira, que descarado, matar así nada más un animal en plena calle y burlarse del animal cuando el golpe le hacía cagarse por última vez, creo que esa fue la peor de las paradas que hice, cuando el Yaniquequero le preguntó que si se comería los dos conejos el hombre dijo:

 –No, este lo vendo vivo en siete pesos. Mirando hacia el conejo que estaba en la caja.

 Sin decir más nada me decidí a comprar el conejo, los ahorros que tenía me darían para ello, sólo me faltarían sesenta y cinco centavos, pero mi madre me los iba a dar, estaba seguro de eso, apuré el paso sin hacer más paradas y llegué a la casa, vacié los galones de agua en el tanque lo más rápido que pude y busque la alcancía, apurado le dije a mi madre que necesitaba sesenta y cinco centavos, ella sin hablar mucho me miró y dijo no; sentía que yo tenía en mis manos el indulto a la sentencia de muerte del indefenso animal que quedaba en manos del hombre de la camisa gris, no quería argumentar y perder tiempo así que me decidí a regatear la vida del conejo y me fui lo más rápido posible al colmado, la bajada que antes fue para mí una cuesta con los galones llenos de agua, me hacía caminar aún más rápido, la respiración la escuchaba en mis oídos y mis latidos acelerados los sentía en la garganta como si fueran el único sonido que existía, caminaba lo más rápido que podía para llegar hasta el colmado, cuando ya mi vista divisaba al hombre de la camisa gris, mis pasos redujeron la velocidad, el segundo conejo había sido ejecutado y mi dinero no servía para salvar el mundo; en silencio di media vuelta y subí nuevamente la calle, esta vez con un peso mayor que el de los galones llenos de agua y en mis manos, dinero inservible.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Hormiga con Alas

 Cuando empezó el apagón en el barrio, las lámparas de aceite se encendieron aleatoriamente como luciérnagas amarillas que luego languidecen estáticas hasta que se consumen en el silencio de una noche larga y calurosa. Los muchachos salieron y se acomodaron sobre el viejo esqueleto del Chevrolet 57, este cacharro con los neumáticos a blanco y negro, carrocería a dos tonos pintada de crema y azul, es aún el símbolo mudo que grita, desde lo más profundo de la dignidad de una familia que cuelga en las paredes de la casa sombría el retrato del difunto dueño, “que hubo tiempos mejores”.

Una cómplice luna llena permite que dos enamorados caminen abrazados por la calle mientras las fabricantes de rumores ven en la penumbra más de lo que realmente sucede. Al mismo tiempo una jauría de perros tímidos hace vigilia frente a la casa de una meretriz retirada que vive un presente ejemplar.

 Un grupo de niños juega “un do tre pisacolá”. Los más viejos sacan sus mecedoras y observan el juego mientras refrescan sus cuerpos cansados de una vida completa. Una abuela busca en medio de la oscuridad de la noche la hija–nieta a la cual le han crecido los pechos y con ellos las alas de las hormigas.

 El único universitario del barrio llega ebrio a la casa mientras un coro de “Tigüeres” canta desde la acera más alta de la calle una vieja Salsa: "Mataron al negro bembón y solo por un maní". –Un, do, tre pisacolá Tito, dice Fernandito, Los viejos observan callados, uno de los muchachos del Chevrolet 57 habla acerca del equipo de baloncesto de San Carlos y la celebración que hicieron en las Cinco Esquinas, el reloj fluorescente luce muy bonito en su muñeca.

 De repente, una ráfaga de agua sale desde la puerta de la meretriz para los perros en vigilia y luego la puerta se cierra sonoramente. Las fabricantes de rumores cambian de tema cuando pasan los enamorados nuevamente. “Un, do tre pisacolá Ñengo” –dice Fernandito– Ñengo se suma a Tito esperando ser liberado por otro de los amiguitos ocultos en algún lugar. La abuela sigue buscando a la Hija–Nieta que tiene pelo negro, largo y lacio. El coro de “Tigueres”, canta una quinta Salsa: “oh!, que será, que será, que vive murmurando por las esquinas, que está en la fantasía de los infelices…”. 

Un hombre solitario llega a la pieza en donde vive alquilado, no saluda, nadie lo conoce, no tiene rostro.

 Las fabricantes de rumores minimizan el canto de los tigüeres que cantan Salsa con carcajadas de cristal roto. Un viejo se levanta de su mecedora y entra a su casa. El único universitario del barrio duerme en el mueble de la sala de su casa. A los muchachos del Chevrolet 57, se les une un nuevo camarada que es recibido con algarabía al mismo tiempo que saluda a los panas con un encriptado choque de manos. La línea de luz en la hendija de la puerta de madera de la meretriz se apaga. 

Un, do, tre, pisacolá Alex, dice Fernandito, Alex se suma a Tito y Ñengo que esperan agarrados del poste de luz a un libertador mientras los enamorados conversan en la galería de la casa de ella. La abuela no encuentra a la Hija–Nieta que tiene ojos negros y grandes. 

El coro de “Tigüeres”, canta una octava Salsa: “Como recuerdo el día en que naciste, lloraste como el condenado inocente, en poco tiempo...”. Otra lámpara se apaga y las fabricantes de rumores notaron a la abuela, los muchachos del Chevrolet 57, deciden moverse a otra calle y se marchan por la calle oscura que solo la luna alumbra. 

Un hombre llama a su hijo y Fernandito dice: Un, do, tre, pisacolá Eduard. Eduard atiende el llamado del hombre sin unirse a Tito, Ñengo y Alex, que aún esperan mientras Fernandito mira por todas partes atento a que uno de los escondidos no salga y le patee la latita liberando a Tito, Ñengo y Alex. Ahora los “Tigüeres” mientras se alejan cantan menos enérgicos: "Casanova, tus bailas muy bien la salsa, Casanova y cantas también opera ", en medio de la oscuridad de la calle una sombra veloz sale y patea una lata, todos los escondidos salen saltando y gritando libertad, libertad, libertad, los viejos ríen y vociferan, los “Tigüeres” siguen cantando, los enamorados se despiden y las fabricantes de rumores están atentas al beso de despedida. 

La abuela encontró a su Hija–Nieta, sonrojada, con las mejillas rosadas y la piel erizada, en medio de la desgracia venidera, porque se ha perdido su hormiga, la abuela le pide a Dios todo poderoso, invadida por sentimientos de culpa, decepción y cansancio que esta vez no llene el vientre de su Hija-Nieta con un nieto–bisnieto-hijo.


miércoles, 7 de julio de 2021

La Pollita perfecta

 


                                            Por Jesús W. Del Carpio S.  6 de julio 2021 

La gallina aletea, y con la brisa levanta escombros, polvo y aserrín de la tierra firme, cloquea incesantemente al mundo que dejó de ser pollita, gracias a la maravilla de su maternidad; se pueden ver bajo la luz de un día primaveral, cuatro óvalos impecables recostados sobre el lecho de paja que ella misma construyó, picazo a picazo, paso a paso, sobre la tierra, lejos de las manos que diezman el producto de las aves de corral; corre entre pasto y maleza, entre laguna y tronco podrido, no repara en orugas, lombrices o semillas, sino que se concentra en lo que es, siente y vive, por eso cacarea; deja trillos con su andar, un laberinto para confundir a quien busque los frutos de su útero, para que no encuentre.

El instinto de madre, más fuerte que el miedo, la arrastra de vuelta a sus retoños. Corre mientras su cuello va a ras con la tierra, patas abiertas, casi vuela. Alguien ha roto el orden del catre. Huele a ruina. Luce como si el sol hubiera desprendido sangre y pintara de amarillo los charamicos que entretejió meticulosamente, que ahora no son más que restos y despojos. Al perro Kaki no le han quemado la boca, por lo que comer huevos y destruir nidos sigue siendo su pasatiempo. ¡Kaki desconsiderado! La gallina, engrifada, llega y lo picotea. La escena se torna en una nube indescifrable de pelos, plumas y polvo. El huye desorientado, como quien ha perdido una parte de sí, dejando a su paso un rastro serpenteante y rojizo. Ella agoniza sobre el desorden, sintiendo dolor en sus patas, como rotas, notando huesos donde no corresponde. Hay caos. Es naturaleza, entre crueldad y belleza.

Rabia. Locura. Negación. Melancolía. Aceptación. Así transcurrieron los días. 

Ya es verano, Kaki se aparta del trayecto del ave, se retuerce para buscar un ángulo donde no la pierda de vista, sin dar la espalda. La mira de lejos, con respeto y de reojo, con su único ojo. Ya no come huevos, los últimos le costaron un lado de su mirada. Ella, coja, se detiene para cubrir con sus alas su nueva camada. Y ellos, los vecinos, visitan para ver si son sólo cábalas el cuento de la pollita perfecta que al hacerse gallina le crecieron espuelas para defender la sangre de su sangre.


 (Redactado con el propósito de ilustrarle a un joven estudiante, que puede haber párrafos largos de una sola oración, y oraciones tan cortas como una palabra).