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viernes, 25 de septiembre de 2020

O pique o majarete

Por: Jesús Waldeltrudis Del Carpio Santana.

Estaba sobreentendido que ese día se comería majarete en mi casa, no era menester que me lo dijeran, se “olía” en el ambiente. Si no, ¿por qué estaba sobre la mesa el caldero grande si sólo lo usaban cuando se hacía habichuelas con dulce, majarete o pan de batata? ¿Y qué hacía medio saco de maíz tierno en el cuartico donde se guardaban los víveres? ¿Y el anafe? A ese lo arrastraban por la oreja hacia el callejón sólo cuando se iba a cocinar platos especiales o cuando se hervía la ropa. La vainilla, la canela, el azúcar…, estaban todas sobre la mesa. ¡Jum! Ya esto como que está oliendo a bueno.


Me puse medio chivirico, buena onda, haciéndole a mi mamá preguntas pendejas que hasta un niño de 5 años se sabía, buscándole la vuelta para asegurar no sólo mi tacita, sino también el caldero. Obviamente, no para fregarlo, sino para comerme el concón. Por cierto, hablando de tacita, siempre consideré injusto que en mi casa se hiciera un calderazo de majarete y que a mis hermanos y a mí nos tocara una fuentecita, de esas que hoy le dicen dizque “bowl”. Entre repartidera y repartidera, se esfumaba y me quedaba la sensación de que sólo me untaba la boca. Aunque en ocasiones se quedaban algunas tacitas anónimas en la nevera, que al final terminaban cayendo en mi buche, la ración oficial era la que me daban el día que se hacía.


Mientras mi mamá se consumía dándole pa’quí y pa’lla a cada mazorca sobre el guayo, y mientras exprimía ese caldero de maíz guayado en un paño más blanco que toca de monja, yo seguía metiéndole caltri a la doña para que me diera el caldero. Pero hasta ahí llegó mi participación en el proceso, eso de estar cogiendo calor al lado de un anafe no era lo mío. Arranqué en FA en mi bicicleta, a doblar calles y enderezar las esquinas del pueblo mientras se apagaban las brazas.


De vuelta a la casa arranqué directo y en vivo para la cocina a buscar lo mío, y desde el pasillo, el vecindario escuchó mi voz y su eco: “¡Mamá, mi majarete, ete, ete, ete!”. Demasiado rápido iba este muchachito cuando se estrelló con el rostro adusto de su madre. Noté cómo ella se esforzaba en ser lenta para la ira y grande en misericordia. Sus emociones transitaban velozmente en un circuito de montañas de enojo, valles de resignación y baches de impotencia cuando le pregunté: 


- ¿Qué pasa, mamá?


- Se cortó el majarete. Respondió ella entre dientes y en voz baja.  


¡Oh Dios, qué tragedia! No era posible que después de tanto plagoseo, no habría ni tacita ni caldero. ¡Tan buen trabajo de allante que hice, para nada! Pero al volver en mí y entrar en la razón de mis escasos 10 años, pregunté: 


- ¿Y por qué se cortó?


A lo que ella respondió: - Cogí un pique con la mujer del servicio y se me cortó el majarete. 


- Pero, ¿cómo así mamá?


- ¡Nada, mi hijo! Que cuando uno va a hacer majarete, tiene que estar tranquilo y no puede hacer mala sangre, porque se corta.


Eso no me sonaba a nada que pudiera estar escrito en un libro de Ciencias Naturales de 6to grado, ni de 4to bachillerato, ni de la universidad siquiera, pero yo no tenía argumentos para refutarlo, mucho menos tenía la suficiente habilidad para esquivar un garrotazo de mi madre si me ponía a decirle que eso no funcionaba así. Preferí irme a un colmado a refugiar mi desolación en una galleta Guarina y ahogar mis lamentos en un refresco merengue Country Club. Ese axioma de que “un pique corta un majarete” pasó a ser una simple cábala cuando llegaron los años en que las verdades de mis padres ya no eran absolutas, sino obsoletas, cosas que se inventan los viejos y se lo dicen a los muchachos porque muchachos, muchachos son. Eso de pique y majarete cortado quedó en el anaquel de los recuerdos inútiles, sección de cábalas, que reflexionando sobre ellas a veces me pregunto: “¿Y si esa vaina es verdad?”.


Mi mamá escuchó sobre la relación entre un pique y un majarete múltiples veces en El Bonao, el campo de Higüey donde ella nació, probablemente de boca de su madre, su tía Serbia y compañeras de algún convite. Mamá sólo pudo explicarlo con las palabras que le habían transmitido generacionalmente, porque no tenía otros medios para hacerlo. Hoy abrazo su verdad y me atrevo a darle un trato más justo, ver la cábala como una hipótesis que se podría demostrar con simple intuición y ser aceptada como válida. Y yo pregunto: ¿qué tal si la leche hervida derramada, la habichuela ahumada, el majarete cortado, accidentes de tránsito y proyectos personales fracasados tienen algo en común? Mi opinión es que sí. 


En otro caso similar, siendo adulto me hice una herida tratando de partir un aguacate. Dígame usted cuál dominicano se corta dizque partiendo un aguacate. ¡Inconcebible, ni que se quisiera hacer el sueco!  Fue necesario visitar la sala de emergencia, y después de la sutura reflexioné sobre cómo fue que provoqué daño a mi cuerpo, gastos innecesarios, sinsabores y pérdida de tiempo, pero sobre todo, cómo ocurrió la torpeza de fallar cortando un aguacate. Recordé que mientras cortaba, mis sentidos no estaban ahí, sino lejos, preocupado por una situación personal. Sentía el deseo de alimentar mis pensamientos, de crear una fantasía, una película con título y banda sonora donde yo mismo era protagonista, guionista, director y productor. La conclusión de mi introspección fue que mientras cortaba la fruta, por estar pensando en todo, menos en el aquí y ahora, el cuchillo alcanzó mi mano derecha y me corté, todo fue producto de una distracción. Ese fue el momento en que el caso del majarete bajó del anaquel de los recuerdos inútiles. Sentí un corto, pero profundo y satisfactorio momento de serendipia al entender lo que le pasó a mi madre y me dije: “¡Coño! El majarete se cortó por el pique”, que en realidad no era nada nuevo, sino lo mismo que me dijo mi mamá 30 años antes. Lo que quise decir fue que su enojo provocó distracción, y esta el majarete cortado. De ahí que “pique corta majarete”.


Es verdad que el diablo sabe más por viejo que por diablo, y que al campesino le rebosa la sabiduría, aún sin grado ni maestría. Yo, por mi parte, el día que decida hacer un majarete, me aplacaré antes de prender el anafe porque hay que elegir, o pique o majarete.


domingo, 30 de abril de 2017

El Nuevo Negocio de mi Amiga La Profe.



-¡Pero bueno!, así me dijo con su característica sonrisa sincera dibujada en su regordete rostro, tu sabes, estábamos perdidos, le dije haciéndole saber que también noté su ausencia, es que tengo cosas nuevas en mi vida, así me entró el año, a ver si levanto cabeza; me dijo al mismo tiempo que sacaba la silla Plástica para acomodarnos y ponernos al día,  hablamos varios temas, mientras una muchacha en “Tubi”, nos trajo la acostumbrada cerveza. Le conté sobre mi último viaje a las Terrenas y me dijo que nunca ha ido por esos lados, le pregunté por qué estaba perdida y así empezó su historia: - Estoy cansada de lo mismo y voy a inventar este año con un negocio, ¿otro más? la interrumpí, si pero este es mejor, se embroma mas pero los chelitos están seguros, me dio curiosidad y le pedí detalles.

Mi hermana, se dejó del marido y está sola en su casa, cuando salgo de la escuela voy a su casa y estoy haciendo una sala de tarea, es casi la misma vaina que la escuela pero me entran unos chelitos, la mayoría de los que van a la sala de tarea son chamaquitos de gente con cuarto. ¿ y como es que es igual que la escuela?, seguí interrogando, si ombe, aparecen carajitos tranquilos y otros que son el mismo diablo, pero uno los amenaza con decirle a la mamá y se tranquilizan, aunque hay algunos que uno le va cogiendo cariño, ¿ah sí?, le interrumpí y volví a preguntar ¿cómo así?, sí,  hay algunos que a veces tú piensas que te lo tiran allá para salir de ellos, hay uno que se llama Marcelo que jode más que el diablo y casi le doy un pellizco para tranquilizarlo, pero me miró con su carita y me dijo que le leyera un cuento, cerré mi boca cuando noté que se quedó mirándome,  porque francamente no imaginaba a mi amiga la profe leyéndole un cuento a un carajito y mucho menos jodón, no te creas casi se lo leo, me aclaró al ver mi sorpresa y entendí que el pobre Marcelo se quedó sin cuento ese día.

Hay una niña que se llama Úrsula, que maldito nombre para una niña, con tantos nombres modernos, dijo mi amiga, pero la mamá es como loca,  siguió diciéndome, tiene que haberse hecho cirugías porque parece una muñeca, pero la Úrsula es gordita, así como yo, pensé a mis adentros, Úrsula es obesa, y así hay otros cuantos más prosiguió, Luis, que se cree el profesor y Carlitos, un pendejito que llora por todo, me acuerda a ti,  me dijo al mismo tiempo que se reía y me tocaba el brazo casi haciéndome botar la cerveza, no me hizo gracia pero no se lo hice saber, y otros tres más que no me acuerdo bien los nombres uno llegó ayer hasta con chofer y dos llegaron hoy, tengo seis niños y por cada uno me pagan bien,  en dos o tres horas gano más que en una tanda de la escuela y son menos muchachos que en un aula, los carajitos me dicen tía, oye esa vaina, riendo nuevamente, dizque yo tía de esos diablitos.


Sí, pero a ti como que te gusta eso, SI me gusta, me respondió rápido, espero que haya sido con toda su sinceridad, me gusta y no sé porque, hay momentos buenos pero voy a ver en que termina esto porque de verdad te lo digo, si el tal Marcelo sigue jodiendo o le doy su pellizco y que se lo lleve su mamá o que se corrija, yo enseño, pero no crio.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

El carro de mi amiga la Profe


“Tengo muchas cosas nuevas que contar”, así con esa misma frase me recibió en la acera de su casa, o mejor dicho su pre-sala mi amiga la profe, en su regordete rostro que por cierto siempre refleja una sonrisa sincera, se notaba además de esa alegría una gran satisfacción, Ah sí, le dije contagiado de su alegría, cuéntame seguí diciendo.

-Mira ‘pa allá, mientras señalaba un vehículo compacto aparentemente en muy buenas condiciones, lo noté de inmediato y entendí el accesorio adicional en la sonrisa. --Uepaaaa!, te montaste, le dije al momento que me pasaba la llave, nuestra forma de decir me alegra que te alegres por mí, la tome y caminamos hasta el carro, lo encendimos y comprobé que había hecho una buena compra y me dijo, vamos a darle una vuelta, le dije OK al momento que le devolvía la llave y me dijo, con una gran sonrisa, pero tú estás loco yo no sé manejar, ven para que me enseñes.

Mi corazón latió más rápido de lo normal, ya estaba metido en el lio y no tenía forma de escapar, buscando todos los medios para abandonar la misión le dije, y tu licencia, no se puede manejar y mucho menos aprender sin licencia, me abrió la puerta del chofer, me tomó por el brazo y sentí un amistoso y leve empujón hacia el asiento del chofer, luego ella apuró el paso al asiento del pasajero y una vez dentro los dos del carro me dijo: -Que licencia ni licencia, eso Moreta me lo trae la semana que viene, ya le pagué, y además tu sabes que mi hermano es policía y aquí en el barrio yo soy la profe, quien me va a preguntar por licencia, coge para la 36, que está más vacía para que me enseñe.

Dios nos guarde, pensé mientras le decía cuál es la emergencia y donde está el pedal del freno.

martes, 23 de agosto de 2016

Me tienen "Jarta", dijo la Profe

Ayer estaba conversando con mi amiga la profesora, si esa misma que tiene el negocio de venta de frescosas; pero que cosa, me dijo, ahora me van a poner a dar la asignatura de Informatica, yo que solo se usar Uasap, ni feibu tengo, me sentí aliviado al saber que no ha leido lo que he publicado de nuestras conversaciones, eso si, manteniendola en el absoluto anonimato, yo voy a poner a uno de los que mas saben de los muchachos del curso, estos carajitos de ahora saben mas que uno de computadora y le voy a decir que se ponga de monitor, ellos no necesitan esa vaina en la escuela, allá no hay de na, por mas que tu oyes que hay de de 'to, cuando hay clases a veces no hay luz, nadie arregla las computadoras y el director no quiere que los muchachos le pongan la mano, porque eso cuesta mucho dinero y no quiere que la dañen porque de la secretaria lo pueden cancelar; -Pero esas computadoras son para los estudiantes, le dije pensando en el bulto hecho por el 4%, bueno si, son para ellos, me dijo, pero esa vaina funciona con luz y nunca hay luz, tienen un viaje de programas que ningun profesor sabe usar y los muchachos esos son traviesos, la otra vez los encontré viendo una pelicula de esas plebes en una de las computadoras, -si de esas mismas-, me dijo cuando aclaré los ojos.,  yo salí de ahi y los dejé, ya estoy jarta, no cogen.

jueves, 13 de febrero de 2014

La Tarea


Después de revisar los pagos que faltan para un iniciar del apartamento que pronostica una vida entera atado a una deuda hipotecaria, el papá  se sienta en la mesa y degusta con la misma pasión que un  vegetariano se comería un sándwich de pierna, una harina de maíz, la  cantidad servida es igual a lo que dura hacer una fila en un banco, sin comer y con solo una hora de almuerzo, luego de la suculenta cena y  preparado psicológicamente, llega el momento de ayudar con la tarea a  sus dos hijos.

– A ver, enséñenme la tarea.
–“! Yo primero!”. Exclama la niña poniéndole a menos de dos milímetros de  distancia la mascota abierta en frente de la cara.
–Mi hija, pero así no podré ver nada, las cosas no se enseñan así. La  risita de la niña provoca la misma alegría en el padre que le provoca  a un chofer de carro público un pasajero gordo sentado en el asiento delantero que hace la ruta completa. – “Pero mi hija esto es una caligrafía, mira bebé, copia eso así mismo  en cada línea hasta llegar aquí abajo.” Le dice el padre a la niña.

–Waoooo. Dice la niña y empieza a copiar.

El Papá pregunta por la tarea al niño que está en segundo grado.  – “A  ver mi hijo, ¿y tu tarea?”
–Tengo tres, le dice el niño.
–OK, déjame ver una.
Los ojos del Papá se mueven en su órbita como si estuviera en plena fase  REM al ver con el detalle que su hijo a dibujado una vagina en su  mascota de educación sexual y debe de poner cada parte de esta en el  numero que corresponde pareando con el listado de: Labios inferiores;  Labios superiores; clítoris; Montes de Venus; conducto urinario. La  risita del niño le hace comprender al Papá que hace mucho tiempo su  hijo sabe que Santa Claus no existe.

–Veamos la otra. Dice, tratando de reponerse.
Con la misma velocidad de una secretaria del sector público, el niño  saca de su mochila la mascota de Estudios Sociales y hojea desde el  principio una por una las páginas del cuaderno hasta llegar a donde  está la tarea. "Cortar y Pegar en su cuaderno, las señales y normas  de tu ciudad", se la pasa al Papá.

–Ah!!, muy bien, mira mi hijo las señales y normas de la ciudad son  todas las cosas que debemos hacer como buen ciudadano, las normas por  ejemplo son no tirar basura en la calle,  no hacer ruido, no tocar  bocina cerca de un hospital o una escuela, no pasarnos en rojo en un  semáforo, no pisar la línea de paso de los peatones, dar paso a las  personas que caminan por la calle, no pisar la grama de los parques,  etc., etc., etc., esas son las normas y las señales son los letreros  que nos indican esas normas, por ejemplo donde dice no estacione,  Pare, una vía, el semáforo, ¿Tu has visto algunas de estas señales?.

–Papi, pero tú te fuiste en rojo la otra vez.
–Si, pero el semáforo estaba dañado, dime tu te sabes alguna señal
–      ¡Ay No!, no estaba dañado
–Ahora estamos haciendo la tarea, vamos a buscar las señales.
– ¿Y Donde?
–En tu libro de recortar.

La niña terminó la caligrafía, su rapidez se pone en evidencia cuando  el padre nota que cada letra ocupa el espacio de dos líneas.
–Pero,... Pero, Mira así no se hace una caligrafía, debes  escribir en estas líneas de aquí eso, sin salirte y sin hacer las  letras tan grandes, busca una borra, bórralo todo y hazlo de nuevo.
–      ¡Ay Nooooo!, la profe dijo que es así.

–El Papá se olvida que tiene mas de cinco veces la edad de la niña y  le dice con el mismo tono que ella le dijo "Ay Nooooo”: –Y por que  no lo hiciste antes de yo llegar. Los niños toman el lugar del adulto y estallan en carcajadas burlándose del Papá.
Un –¡Ya está bueno!. Seco y en voz alta pone la tensión
–“Ve recortando las señales”. Le dice al niño imperativamente.
–Papi, ¿Que es un "peonton"?. Pregunta la niña con un encanto peculiar.
–PEATON. Peatones, son las personas que no andan en carro en la calle
– ¿Como los que venden perritos?, ¡Papi cómprame un perrito!
–No, esos son vendedores ambulantes
–Pero ellos también andan a Pie, entonces son peatones
–Bueno, son peatones también, pero vamos a terminar la tarea. La  niña empieza a hacer la tarea.
El niño viene con el cuaderno lleno de señales de transito que  recortó del libro de recortar, el padre recordó el precio del libro  cuando vio las tijeras y el picadillo de papel sobre la mesa.
– “OK, vamos a ver la otra”. Le dice al niño, que empieza a buscar en  un libro muy bonito la ultima tarea, es un parea la figura de un dado  con el numero correspondiente.
––Bueno esto es fácil cuenta los puntos y pasa una raya al numero de  puntos que corresponde con el numero de este lado
–Ah! pero esto es un cachú, dice el niño haciendo la tarea en menos de 30 segundos, la niña termino su caligrafía y la entrega  preguntando si puede jugar en el Internet poniéndole ropa a la Barbie
–Si, mi hija, enciéndela
La niña enciende el PC y luego de poner su clave y abrir el browser  empieza a jugar.

–Papi, yo quiero jugar cuando manita termine.


El Papá recuerda la primera tarea del niño, se hace el “chivo loco” y le  dice al niño: –OK, guarda tus útiles y jueguen tranquilos.