viernes, 7 de abril de 2023

Los Sotos y los Sencion - El Genesis





Capítulo I

1 En el principio existía el hombre de conuco que hacía parir la tierra y ponía un plato cada día en la mesa. 

2 el hombre de conuco vivió muchos años y sus hijos se convirtieron en hombres de conuco por varias generaciones. 

3 y pasaron los años y la cuidad creció y el hombre de conuco ensillaba el burro y llevaba al mercado los frutos. 

4 un día antes del alba el hombre de conuco levantó a su primogénito de su sueño y le ordeno aparejar al burro y que este lo lleva al mercado a vender los frutos porque ya era hora de ser un hombre de conuco. 

5 y el hijo del hombre de conuco fue al mercado y vio muchos hombres de conuco y entre ellos hijos de hombres de conuco. 

6 y vio de algunos las ropas de algunos hijos de hombres de conuco y quiso tener ropas iguales y carretas como algunos de ellos tenían. 

7 y vendió el hijo del hombre de conuco los frutos y el llegar a su casa le dijo a su padre. 

8 Taita y porque no alquilamos las tierras que no podemos cultivar y compramos carreta para los frutos. 

8 y así Taita cuando no haya más fuerzas por los años y las bestias estén cansadas podamos seguir viviendo con las ganancias de las tierras alquiladas. 

9 el Taita molestose de la idea de su hijo y le dijo a este, no es suficiente con lo que pones en tu mesa, no tienes mucho afán con tus tareas de la tierra. 

10 porque quieres vivir en la sazón de los que otros hacen y no hacer parir la tierra con tus manos como tus antepasados. 

10 y dijo el hijo al Taita, porque quiero vivir diferente y disfrutar lo que tenemos. 

11 y dijo el Taita que si vivir diferente es vivir del trabajo de los demás el no quiere vivir diferente. 

12 y dio el Taita herencia en vida al Primogénito y los demás hijos hicieron como su hermano mayor. 

13 y tomaron la herencia y todos recibieron partes iguales y el Taita quedóse con tierras que hacía parir y su abundancia creció. 

14 y la de sus hijos crecía más y algunos alquilaron sus tierras y se fueron a la ciudad. 

 

Capitulo II

1 El primogénito se llamaba Juan Sención y tuvo 3 hijos con la más bella de los Ramírez que venían de tierras lejanas. 

2 los hijos de Juan fueron nombrados de la siguiente forma, Hector que engendró 3 hijos. 

3 Horacio que engendró 4 hijas y casose con Anastasia hija de los Soto. 

4 Humberto que engendró 2 hijos con dos esposas diferentes que lo dejaron. y el tiempo paso y el Taita cerró los ojos y dejó más herencia los hijos

5 y el tiempo pasó y Juan Sención cerró los ojos como el Taita y dejó a sus tres hijos fortuna y sus hermanos por igual

6 pasaron las generaciones y los Sención se hicieron ricos y siempre consevaron las tierras y fueron por muchos años hombres de ciudad y hombres de conuco

7 La desenciacia de Horario fue la que más bonanza tuvo, la familia Sención era igual de rica y las dos familias iniciaron una nueva era de progreso haciendo del Tabaco el oro de sus tierras.

 


jueves, 6 de octubre de 2022

Breaking Mantequilla code

 

No puedo negar que me he divertido con el tema de Mantequilla, el nombre real del sujeto no interesa para los fines de esta corta nota, pero si interesa ver como va tomando relevancia un personaje que cada día mas está llevando al limite la paciencia de los que saben o por decirlo de otra forma, de las autoridades, los memes me han alegrado ya varias mañanas y la misma risita burlona de Mantequilla cuando le dicen que diga la formula me causa a mi más risa, hay en mi un sentimiento de duda en que lo que ofrece el genio sea algo peligroso, pero por igual intento pensar y elucubrar posible formulas que puede estar usando el nuevo genio de Sabana Grande de Boyá y aunque algunas son realmente ridículas no dejan de estar a la par con la misma realidad de lo que promete Inversiones 3.14.

 

Cuando vemos al Superintendente de bancos, a la DGII y a todos los periódicos hablando de una formula mejor que la de Ito, no cabe duda de que estamos frente a un fenómeno que es en el cual se ha convertido Mantequilla, al punto que en su natal Sabana Grande de Boyá, amenazan con lanzarse las calles si algo le pasa a su nuevo mesías al mismo tiempo que sostienen la consigna “Díos en el cielo y Mantequilla en la tierra”, lo que nos espera.

 

*Mis teorías*

 

*Préstamos para la guerra*

Mantequilla puede ser un señor de la guerra para países que aceptan dinero de quien sea y tener contactos con carteles de venta de armas que en todo tiempo es un negocio lucrativo, sino pregunten como llegan armas de calibres militares a las manos de pandilleros en Haití

 

*Compra de camiones llenos en el mercado nuevo con ganancias de un 30%*

Un negocio menos nocivo y mas ajustado a lo que puede estar haciendo, lo cual consiste en comprar camiones de productos que vienen del interior a un precio muy bajo y revenderlo ganando porcentajes de hasta un 30%, esta es una práctica que se hace desde siempre y todos los días en el mercado nuevo de Villas Agrícolas, solo imaginen que en 10 días puede llevar a un 300% la inversión inicial y ahí puede entregar en 12 o 15 días como hace sus ofertas las ganancias a los inversores.

 

*Red de cambia cheques*

Solo basta con pasar frente a la Loteria Nacional, ir a la San Martin, a la Zona Colonial y te darás cuenta que los que cambian cheques ganan un porcentaje mínimo por cambiar cheques pero el volumen de esto se hace rentable y en un día, aunque no llega a los porcentajes que ofrece el gurú, esta puede ser una de sus líneas de negocios.

 

*Inversiones de préstamos en otros países (Payday loans)*

Enviar dinero a empresas usureras que funcionan en otros países, estas hacen prestamos a altos intereses y garantizar un retorno alto a los inversionistas y además distribuyen la ganancias a cortos plazos.

 

*Una distracción política para desviar la atención de la población*

Como todo es posible esta es una posibilidad, no digo más.

En todo caso, lo que haga mantequilla si no es un sistema Ponzi o una pirámide solo se está aprovechando del desorden y la informalidad que hay en esta país y encantando a los incautos.

jueves, 28 de abril de 2022

Siete Pesos para Salvar el Mundo


No era tan malo cargar agua,  a no ser porque sentía que los brazos se me alargarían hasta que las manos llegaran a los tobillos, pudiera decir que mientras cargué agua en el barrio pude disfrutar de muchas cosas que distan mucho de malos recuerdos; aprendí a reconocer a los policías secretos que andaban en los barrios, casi todos con un sombrero al estilo de Cheché Abreu, camisetas por dentro, la pistola por fuera y todos perfumados con alguna esencia parecida; aprendí donde habían algunas de esas matas frutales que casi siempre tienen frutos, como las cerezas, guayabas, Gina etc. Aprendí donde habían más farmacias;   así, cuando me enviaran a comprar alguna medicina para cualquiera de mis tres hermanos irme a la más lejos y tener un paseo con la excusa de que en la más cerca “no había”; aprendí donde hacían los mejores Yaniqueques y donde alquilaban las bicicletas, más un sinnúmero de detalles que son imprescindibles para combatir la aburrida vida de un barrio de la parte alta de la ciudad de Santo Domingo.

  “-El agua no se vende”, decía Doña Adela, pero Juan no pensaba así. “Cinco Cheles por cuatro potes o una  lata”, decía el viejo panzón que nunca usaba camisa. A veces la mamá del doctor se condolía y se acordaba de los “pobres” dejándonos llenar los potes en la incómoda tina de su casa, pero nunca me paraba a llenar los potes allí, prefería ir más abajo frente a la casa de Tony, donde vivía Dorca, la hija del pastor de la iglesia evangélica, una niña linda de pelo negro y sonrisa amistosa que nunca la dejaban hablar con nosotros aunque sé que en su momento se atrevía a cambiar el cielo por no ser la hija del pastor y poder tener más amigos que los aburridos que tenía en la iglesia que quedaba al lado de la casa de Guillermo. Si, ahora recuerdo a Guillermo, un tipo aburrido tal vez de la misma bulla de la iglesia que un día adquirió su fama de loco por entrarle a patadas a un Mercedes Benz blanco que se paró en frente de su casa a realizar una transacción “rara”, nadie lo defendió, pero ninguno de los que andaban en el Mercedes se atrevieron a ponerle la mano.

 Recuerdo que un día subía con mis potes de agua por la subida de la calle 32 y me detuve a tomar un descanso para dar tiempo a que se acabe el agua y la búsqueda se termine, cuando me detuve frente al colmado de papito (en todos los barrios hay un papito) vi a este hombre que sostenía por las orejas, en cada mano uno, a dos hermosos conejos grises, mi pausa se vio acortada cuando sin ningún tipo de cuidado bruscamente metió un conejo en una caja y le dio un golpe mortal al que quedó en su otra mano, mi pena sólo fue mayor que mi ira, que descarado, matar así nada más un animal en plena calle y burlarse del animal cuando el golpe le hacía cagarse por última vez, creo que esa fue la peor de las paradas que hice, cuando el Yaniquequero le preguntó que si se comería los dos conejos el hombre dijo:

 –No, este lo vendo vivo en siete pesos. Mirando hacia el conejo que estaba en la caja.

 Sin decir más nada me decidí a comprar el conejo, los ahorros que tenía me darían para ello, sólo me faltarían sesenta y cinco centavos, pero mi madre me los iba a dar, estaba seguro de eso, apuré el paso sin hacer más paradas y llegué a la casa, vacié los galones de agua en el tanque lo más rápido que pude y busque la alcancía, apurado le dije a mi madre que necesitaba sesenta y cinco centavos, ella sin hablar mucho me miró y dijo no; sentía que yo tenía en mis manos el indulto a la sentencia de muerte del indefenso animal que quedaba en manos del hombre de la camisa gris, no quería argumentar y perder tiempo así que me decidí a regatear la vida del conejo y me fui lo más rápido posible al colmado, la bajada que antes fue para mí una cuesta con los galones llenos de agua, me hacía caminar aún más rápido, la respiración la escuchaba en mis oídos y mis latidos acelerados los sentía en la garganta como si fueran el único sonido que existía, caminaba lo más rápido que podía para llegar hasta el colmado, cuando ya mi vista divisaba al hombre de la camisa gris, mis pasos redujeron la velocidad, el segundo conejo había sido ejecutado y mi dinero no servía para salvar el mundo; en silencio di media vuelta y subí nuevamente la calle, esta vez con un peso mayor que el de los galones llenos de agua y en mis manos, dinero inservible.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Hormiga con Alas

 Cuando empezó el apagón en el barrio, las lámparas de aceite se encendieron aleatoriamente como luciérnagas amarillas que luego languidecen estáticas hasta que se consumen en el silencio de una noche larga y calurosa. Los muchachos salieron y se acomodaron sobre el viejo esqueleto del Chevrolet 57, este cacharro con los neumáticos a blanco y negro, carrocería a dos tonos pintada de crema y azul, es aún el símbolo mudo que grita, desde lo más profundo de la dignidad de una familia que cuelga en las paredes de la casa sombría el retrato del difunto dueño, “que hubo tiempos mejores”.

Una cómplice luna llena permite que dos enamorados caminen abrazados por la calle mientras las fabricantes de rumores ven en la penumbra más de lo que realmente sucede. Al mismo tiempo una jauría de perros tímidos hace vigilia frente a la casa de una meretriz retirada que vive un presente ejemplar.

 Un grupo de niños juega “un do tre pisacolá”. Los más viejos sacan sus mecedoras y observan el juego mientras refrescan sus cuerpos cansados de una vida completa. Una abuela busca en medio de la oscuridad de la noche la hija–nieta a la cual le han crecido los pechos y con ellos las alas de las hormigas.

 El único universitario del barrio llega ebrio a la casa mientras un coro de “Tigüeres” canta desde la acera más alta de la calle una vieja Salsa: "Mataron al negro bembón y solo por un maní". –Un, do, tre pisacolá Tito, dice Fernandito, Los viejos observan callados, uno de los muchachos del Chevrolet 57 habla acerca del equipo de baloncesto de San Carlos y la celebración que hicieron en las Cinco Esquinas, el reloj fluorescente luce muy bonito en su muñeca.

 De repente, una ráfaga de agua sale desde la puerta de la meretriz para los perros en vigilia y luego la puerta se cierra sonoramente. Las fabricantes de rumores cambian de tema cuando pasan los enamorados nuevamente. “Un, do tre pisacolá Ñengo” –dice Fernandito– Ñengo se suma a Tito esperando ser liberado por otro de los amiguitos ocultos en algún lugar. La abuela sigue buscando a la Hija–Nieta que tiene pelo negro, largo y lacio. El coro de “Tigueres”, canta una quinta Salsa: “oh!, que será, que será, que vive murmurando por las esquinas, que está en la fantasía de los infelices…”. 

Un hombre solitario llega a la pieza en donde vive alquilado, no saluda, nadie lo conoce, no tiene rostro.

 Las fabricantes de rumores minimizan el canto de los tigüeres que cantan Salsa con carcajadas de cristal roto. Un viejo se levanta de su mecedora y entra a su casa. El único universitario del barrio duerme en el mueble de la sala de su casa. A los muchachos del Chevrolet 57, se les une un nuevo camarada que es recibido con algarabía al mismo tiempo que saluda a los panas con un encriptado choque de manos. La línea de luz en la hendija de la puerta de madera de la meretriz se apaga. 

Un, do, tre, pisacolá Alex, dice Fernandito, Alex se suma a Tito y Ñengo que esperan agarrados del poste de luz a un libertador mientras los enamorados conversan en la galería de la casa de ella. La abuela no encuentra a la Hija–Nieta que tiene ojos negros y grandes. 

El coro de “Tigüeres”, canta una octava Salsa: “Como recuerdo el día en que naciste, lloraste como el condenado inocente, en poco tiempo...”. Otra lámpara se apaga y las fabricantes de rumores notaron a la abuela, los muchachos del Chevrolet 57, deciden moverse a otra calle y se marchan por la calle oscura que solo la luna alumbra. 

Un hombre llama a su hijo y Fernandito dice: Un, do, tre, pisacolá Eduard. Eduard atiende el llamado del hombre sin unirse a Tito, Ñengo y Alex, que aún esperan mientras Fernandito mira por todas partes atento a que uno de los escondidos no salga y le patee la latita liberando a Tito, Ñengo y Alex. Ahora los “Tigüeres” mientras se alejan cantan menos enérgicos: "Casanova, tus bailas muy bien la salsa, Casanova y cantas también opera ", en medio de la oscuridad de la calle una sombra veloz sale y patea una lata, todos los escondidos salen saltando y gritando libertad, libertad, libertad, los viejos ríen y vociferan, los “Tigüeres” siguen cantando, los enamorados se despiden y las fabricantes de rumores están atentas al beso de despedida. 

La abuela encontró a su Hija–Nieta, sonrojada, con las mejillas rosadas y la piel erizada, en medio de la desgracia venidera, porque se ha perdido su hormiga, la abuela le pide a Dios todo poderoso, invadida por sentimientos de culpa, decepción y cansancio que esta vez no llene el vientre de su Hija-Nieta con un nieto–bisnieto-hijo.


miércoles, 7 de julio de 2021

La Pollita perfecta

 


                                            Por Jesús W. Del Carpio S.  6 de julio 2021 

La gallina aletea, y con la brisa levanta escombros, polvo y aserrín de la tierra firme, cloquea incesantemente al mundo que dejó de ser pollita, gracias a la maravilla de su maternidad; se pueden ver bajo la luz de un día primaveral, cuatro óvalos impecables recostados sobre el lecho de paja que ella misma construyó, picazo a picazo, paso a paso, sobre la tierra, lejos de las manos que diezman el producto de las aves de corral; corre entre pasto y maleza, entre laguna y tronco podrido, no repara en orugas, lombrices o semillas, sino que se concentra en lo que es, siente y vive, por eso cacarea; deja trillos con su andar, un laberinto para confundir a quien busque los frutos de su útero, para que no encuentre.

El instinto de madre, más fuerte que el miedo, la arrastra de vuelta a sus retoños. Corre mientras su cuello va a ras con la tierra, patas abiertas, casi vuela. Alguien ha roto el orden del catre. Huele a ruina. Luce como si el sol hubiera desprendido sangre y pintara de amarillo los charamicos que entretejió meticulosamente, que ahora no son más que restos y despojos. Al perro Kaki no le han quemado la boca, por lo que comer huevos y destruir nidos sigue siendo su pasatiempo. ¡Kaki desconsiderado! La gallina, engrifada, llega y lo picotea. La escena se torna en una nube indescifrable de pelos, plumas y polvo. El huye desorientado, como quien ha perdido una parte de sí, dejando a su paso un rastro serpenteante y rojizo. Ella agoniza sobre el desorden, sintiendo dolor en sus patas, como rotas, notando huesos donde no corresponde. Hay caos. Es naturaleza, entre crueldad y belleza.

Rabia. Locura. Negación. Melancolía. Aceptación. Así transcurrieron los días. 

Ya es verano, Kaki se aparta del trayecto del ave, se retuerce para buscar un ángulo donde no la pierda de vista, sin dar la espalda. La mira de lejos, con respeto y de reojo, con su único ojo. Ya no come huevos, los últimos le costaron un lado de su mirada. Ella, coja, se detiene para cubrir con sus alas su nueva camada. Y ellos, los vecinos, visitan para ver si son sólo cábalas el cuento de la pollita perfecta que al hacerse gallina le crecieron espuelas para defender la sangre de su sangre.


 (Redactado con el propósito de ilustrarle a un joven estudiante, que puede haber párrafos largos de una sola oración, y oraciones tan cortas como una palabra).

jueves, 24 de diciembre de 2020

Mi amiga la Profe me cuenta cosas

Muchacho, pero deja la teoría y ven, así me dijo mi amiga la Profe luego de que le estaba diciendo  lo siguiente, “Después de todos estos meses de llamadas, mensajes de WhatsApp y un distanciamiento más que social, personal decidamos no dejar que un virus mate una amistad, que un nuevo orden de comportamiento desaparezca lo que nos hace mas humanos, vamos a  juntarnos”

 

Tu siempre andando por la regla, ven por aquí con tu mascarilla y olvídate un rato de todo. No lo voy a negar, tragué en seco no es lo mismo llamar al virus que verlo llegar y adentrarse al epicentro del contagio como es cualquier lugar fuera de tu casa, no era lo que tenía pensado pero por alguna razón las palabras de mi amiga la Profe tuvieron un efecto y decidí aventurarme y visitarla, total, si he ido al supermercado, a un banco y hasta al dentista que me impedía pasar por donde mi amiga, así que me encomendé, me puse doble mascarilla y fui para el barrio.

 

Un sentimiento raro afloró en mi mente al verla levantando su mano y  saludando pero sin poder ver su regordete y sonriente rostro recibirme como siempre, creo que la presencia de la mascarilla y no poder ver su cara completa y tratar de adivinar su sincera sonrisa le quitó un poco de magia a esas siempre cálidas bienvenidas, pero igual sentí un regocijo inmediato ya que seguía sana, viva y ella, la noté más delgada aunque creo que era la sensación mía compensando las libras que yo había aumentado.

 
Así las cosas, la silla plástica fue ofrecida, el barrio estaba mas calmado que de costumbre y la conversación empezó, un par de vecinos ya no estaban, se han ido para siempre, la música siempre presente en la calle estaba a bajo volumen y empezamos a ponernos al día.

 

Hubo un silencio prolongado y creo que durante ese tiempo nos dijimos muchas cosas, ella a mi y yo a ella, destapamos la cerveza y llenamos los vasos, todo en silencio, antes del primer trago nos miramos y en silencio bajamos las mascarillas, nos tomamos un trago y en silencio nos miramos nuevamente, noté en sus ojos un brillo triste, la Profe es una mujer hecha de batallas, un ser humano que ha sorteado muchas dificultades y acorazada de una gran fuerza, pero debajo de todo eso muy sensible, unos pocos como yo lo saben, nadie la ha visto llorar, yo si  y ese silencio era una gran conversación, en ese silencio podía escuchar claramente que el mundo la había cambiado y que ella se resistía a aceptarlo pero sabía que poco podía hacer, en ese silencio escuché sus ojos decirme que esperaba con fe de niño como dice su Salsa favorita que todo cambie para mejor, luego de otro trago y respirar profundo para exhalar los malos pensamientos me paré y fui hasta el carro y terminamos la conversación en silencio escuchado Corazón Guerrero de Willie Colon, no recuerdo como me despedí, creo que solo me paré y movimos las manos diciendo en silencio, nos veremos otra vez.

Pintura de: Erin Loree
http://www.erinloree.com/new-work
Deep Conversations / oil on panel / 24 x 30 inches (Available)


viernes, 25 de septiembre de 2020

O pique o majarete

Por: Jesús Waldeltrudis Del Carpio Santana.

Estaba sobreentendido que ese día se comería majarete en mi casa, no era menester que me lo dijeran, se “olía” en el ambiente. Si no, ¿por qué estaba sobre la mesa el caldero grande si sólo lo usaban cuando se hacía habichuelas con dulce, majarete o pan de batata? ¿Y qué hacía medio saco de maíz tierno en el cuartico donde se guardaban los víveres? ¿Y el anafe? A ese lo arrastraban por la oreja hacia el callejón sólo cuando se iba a cocinar platos especiales o cuando se hervía la ropa. La vainilla, la canela, el azúcar…, estaban todas sobre la mesa. ¡Jum! Ya esto como que está oliendo a bueno.


Me puse medio chivirico, buena onda, haciéndole a mi mamá preguntas pendejas que hasta un niño de 5 años se sabía, buscándole la vuelta para asegurar no sólo mi tacita, sino también el caldero. Obviamente, no para fregarlo, sino para comerme el concón. Por cierto, hablando de tacita, siempre consideré injusto que en mi casa se hiciera un calderazo de majarete y que a mis hermanos y a mí nos tocara una fuentecita, de esas que hoy le dicen dizque “bowl”. Entre repartidera y repartidera, se esfumaba y me quedaba la sensación de que sólo me untaba la boca. Aunque en ocasiones se quedaban algunas tacitas anónimas en la nevera, que al final terminaban cayendo en mi buche, la ración oficial era la que me daban el día que se hacía.


Mientras mi mamá se consumía dándole pa’quí y pa’lla a cada mazorca sobre el guayo, y mientras exprimía ese caldero de maíz guayado en un paño más blanco que toca de monja, yo seguía metiéndole caltri a la doña para que me diera el caldero. Pero hasta ahí llegó mi participación en el proceso, eso de estar cogiendo calor al lado de un anafe no era lo mío. Arranqué en FA en mi bicicleta, a doblar calles y enderezar las esquinas del pueblo mientras se apagaban las brazas.


De vuelta a la casa arranqué directo y en vivo para la cocina a buscar lo mío, y desde el pasillo, el vecindario escuchó mi voz y su eco: “¡Mamá, mi majarete, ete, ete, ete!”. Demasiado rápido iba este muchachito cuando se estrelló con el rostro adusto de su madre. Noté cómo ella se esforzaba en ser lenta para la ira y grande en misericordia. Sus emociones transitaban velozmente en un circuito de montañas de enojo, valles de resignación y baches de impotencia cuando le pregunté: 


- ¿Qué pasa, mamá?


- Se cortó el majarete. Respondió ella entre dientes y en voz baja.  


¡Oh Dios, qué tragedia! No era posible que después de tanto plagoseo, no habría ni tacita ni caldero. ¡Tan buen trabajo de allante que hice, para nada! Pero al volver en mí y entrar en la razón de mis escasos 10 años, pregunté: 


- ¿Y por qué se cortó?


A lo que ella respondió: - Cogí un pique con la mujer del servicio y se me cortó el majarete. 


- Pero, ¿cómo así mamá?


- ¡Nada, mi hijo! Que cuando uno va a hacer majarete, tiene que estar tranquilo y no puede hacer mala sangre, porque se corta.


Eso no me sonaba a nada que pudiera estar escrito en un libro de Ciencias Naturales de 6to grado, ni de 4to bachillerato, ni de la universidad siquiera, pero yo no tenía argumentos para refutarlo, mucho menos tenía la suficiente habilidad para esquivar un garrotazo de mi madre si me ponía a decirle que eso no funcionaba así. Preferí irme a un colmado a refugiar mi desolación en una galleta Guarina y ahogar mis lamentos en un refresco merengue Country Club. Ese axioma de que “un pique corta un majarete” pasó a ser una simple cábala cuando llegaron los años en que las verdades de mis padres ya no eran absolutas, sino obsoletas, cosas que se inventan los viejos y se lo dicen a los muchachos porque muchachos, muchachos son. Eso de pique y majarete cortado quedó en el anaquel de los recuerdos inútiles, sección de cábalas, que reflexionando sobre ellas a veces me pregunto: “¿Y si esa vaina es verdad?”.


Mi mamá escuchó sobre la relación entre un pique y un majarete múltiples veces en El Bonao, el campo de Higüey donde ella nació, probablemente de boca de su madre, su tía Serbia y compañeras de algún convite. Mamá sólo pudo explicarlo con las palabras que le habían transmitido generacionalmente, porque no tenía otros medios para hacerlo. Hoy abrazo su verdad y me atrevo a darle un trato más justo, ver la cábala como una hipótesis que se podría demostrar con simple intuición y ser aceptada como válida. Y yo pregunto: ¿qué tal si la leche hervida derramada, la habichuela ahumada, el majarete cortado, accidentes de tránsito y proyectos personales fracasados tienen algo en común? Mi opinión es que sí. 


En otro caso similar, siendo adulto me hice una herida tratando de partir un aguacate. Dígame usted cuál dominicano se corta dizque partiendo un aguacate. ¡Inconcebible, ni que se quisiera hacer el sueco!  Fue necesario visitar la sala de emergencia, y después de la sutura reflexioné sobre cómo fue que provoqué daño a mi cuerpo, gastos innecesarios, sinsabores y pérdida de tiempo, pero sobre todo, cómo ocurrió la torpeza de fallar cortando un aguacate. Recordé que mientras cortaba, mis sentidos no estaban ahí, sino lejos, preocupado por una situación personal. Sentía el deseo de alimentar mis pensamientos, de crear una fantasía, una película con título y banda sonora donde yo mismo era protagonista, guionista, director y productor. La conclusión de mi introspección fue que mientras cortaba la fruta, por estar pensando en todo, menos en el aquí y ahora, el cuchillo alcanzó mi mano derecha y me corté, todo fue producto de una distracción. Ese fue el momento en que el caso del majarete bajó del anaquel de los recuerdos inútiles. Sentí un corto, pero profundo y satisfactorio momento de serendipia al entender lo que le pasó a mi madre y me dije: “¡Coño! El majarete se cortó por el pique”, que en realidad no era nada nuevo, sino lo mismo que me dijo mi mamá 30 años antes. Lo que quise decir fue que su enojo provocó distracción, y esta el majarete cortado. De ahí que “pique corta majarete”.


Es verdad que el diablo sabe más por viejo que por diablo, y que al campesino le rebosa la sabiduría, aún sin grado ni maestría. Yo, por mi parte, el día que decida hacer un majarete, me aplacaré antes de prender el anafe porque hay que elegir, o pique o majarete.